Trump e Irán exploran un acuerdo por etapas mientras el estrecho de Ormuz se convierte en la principal carta de negociación
Washington y Teherán analizan una posible salida gradual de la guerra: Irán plantea reabrir el estrecho de Ormuz a cambio del levantamiento del bloqueo económico estadounidense, mientras ambas partes intentan conservar sus principales herramientas de presión.
FOSTER! NEWS | MEDIO ORIENTE
25 DE SEPTIEMBRE DE 2026
ORMUZ, EN EL CENTRO DE LA NEGOCIACIÓN
Estados Unidos e Irán exploran en Nueva York una posible salida gradual a la guerra mediante un acuerdo por etapas, según fuentes cercanas a las conversaciones citadas por Reuters.
El eje de la negociación es el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas energéticas del mundo y, en el contexto actual, la principal herramienta de presión de Teherán.
Irán busca alivio frente al bloqueo económico estadounidense que está afectando su economía. Washington, por su parte, pretende recuperar la libertad de navegación para los buques que utilizan esta ruta estratégica.
El estrecho se ha convertido así en el principal punto de intercambio entre las dos partes: Teherán controla el acceso a una vía marítima estratégica, mientras Washington controla la presión económica que está golpeando a Irán.
UN ACUERDO POR ETAPAS
Un alto funcionario iraní citado por Reuters señaló que una de las posibilidades más plausibles para superar el bloqueo de las negociaciones sería avanzar mediante un acuerdo gradual.
La primera etapa consistiría en poner fin al bloqueo económico estadounidense y reabrir el estrecho de Ormuz.
A cambio, Irán podría obtener acceso a parte de sus activos congelados.
"Una forma de avanzar sería resolver la crisis por etapas. La primera sería terminar con el bloqueo y reabrir Ormuz", explicó el funcionario en los márgenes de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
El planteamiento implicaría que Trump aceptara nuevamente una solución temporal, después del colapso de un entendimiento anterior en julio.
Por eso, uno de los principales desafíos no sería solamente diseñar un acuerdo, sino conseguir que las concesiones sean suficientemente duraderas como para que ambas partes confíen en su cumplimiento.
NINGUNO QUIERE CEDER PRIMERO
Las conversaciones enfrentan un obstáculo central: ni Washington ni Teherán quieren ser los primeros en renunciar a su principal instrumento de presión.
Según las fuentes citadas por Reuters, ambos gobiernos consideran que entregar esa ventaja sin obtener algo concreto a cambio podría debilitar su posición negociadora.
Trump ha señalado que Estados Unidos e Irán podrían alcanzar un acuerdo después de las elecciones legislativas de mitad de mandato, previstas para el 3 de noviembre.
Un funcionario europeo citado por Reuters afirmó que Irán mantiene una lista muy extensa de demandas.
Desde la Casa Blanca, un funcionario sostuvo que Irán está desesperado por alcanzar un acuerdo y afirmó que Trump mantiene una posición de fuerza.
Según ese funcionario, el presidente estadounidense continúa abierto a dialogar con Irán "bajo las circunstancias adecuadas", pero considera que Washington no tiene necesidad de negociar desde una posición de debilidad.
IRÁN MANTIENE SU POSICIÓN SOBRE EL PROGRAMA NUCLEAR
La cuestión nuclear continúa siendo otro de los principales obstáculos.
Funcionarios de la administración Trump han sostenido anteriormente que cualquier acuerdo para terminar la guerra también tendría que abordar el programa nuclear iraní y las reservas de uranio altamente enriquecido.
Sin embargo, un alto funcionario iraní afirmó por separado que Teherán no mostrará flexibilidad sobre su programa nuclear, incluso si Estados Unidos acepta la propuesta para reabrir el estrecho de Ormuz.
El funcionario sostuvo que el estrecho permanecerá cerrado hasta que Estados Unidos cumpla con todas las condiciones planteadas por Irán.
De esta manera, la negociación no se limita a la navegación marítima o al levantamiento de sanciones. El programa nuclear continúa siendo una cuestión fundamental dentro de cualquier posible acuerdo.
LA PROPUESTA DE LOS SIETE DÍAS
El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, afirmó en Nueva York que Teherán había presentado a Estados Unidos una propuesta para poner fin a la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de siete días.
Según Araghchi, si determinadas condiciones fueran aceptadas, el estrecho podría volver a abrirse después de ese período y comenzarían las conversaciones.
La propuesta contempla un cese de todas las hostilidades en Medio Oriente durante siete días, incluido el frente del Líbano.
También plantea la liberación de activos iraníes congelados, estimados en al menos 12.000 millones de dólares, el levantamiento de las sanciones sobre el petróleo iraní y el final del bloqueo naval estadounidense.
Al séptimo día de la tregua, Irán reabriría el estrecho de Ormuz.
Hossein Mohebi, portavoz de la Guardia Revolucionaria, también señaló que el fin de las hostilidades en Yemen forma parte de las demandas de Teherán.
La propuesta, sin embargo, no significa que las diferencias hayan desaparecido.
Un reporte inicial de la agencia japonesa Kyodo había informado sobre el planteamiento, aunque medios iraníes posteriormente negaron esa versión y las autoridades de Teherán no habían aclarado completamente su posición.
LA PRESIÓN ECONÓMICA COMO HERRAMIENTA
Estados Unidos ha incrementado la presión económica sobre Irán mediante nuevas sanciones y un bloqueo que, según las fuentes citadas, ha afectado especialmente las exportaciones petroleras iraníes.
El petróleo constituye una fuente fundamental de divisas para Irán.
Durante este mes, Washington también apuntó contra las aerolíneas comerciales iraníes restantes y sus redes de apoyo, dentro de una campaña destinada a cortar los canales económicos que sostienen al Gobierno iraní y a la poderosa Guardia Revolucionaria.
Trump ha advertido que la economía iraní podría deteriorarse aún más si Teherán no alcanza un acuerdo.
El resultado es una situación de presión cruzada: Washington busca que la presión económica genere concesiones, mientras Teherán pretende que esa presión sea levantada antes de aceptar cambios.
CHINA ENTRA EN LA ECUACIÓN
La negociación también tiene una dimensión internacional.
El embajador estadounidense en China, David Perdue, afirmó que Trump dejó claro durante una conversación con el presidente chino Xi Jinping que el apoyo de Pekín a Irán es considerado inaceptable por Washington.
Trump confirmó posteriormente que había hablado con Xi sobre la guerra con Irán.
Según un reporte citado en el material original, China habría enviado alrededor de 1.300 cargamentos aéreos con componentes de uso dual para drones y misiles al Ministerio de Defensa iraní durante el año, hasta finales de junio.
La cuestión introduce a China en una negociación que inicialmente se presenta como un enfrentamiento entre Washington y Teherán, pero que tiene consecuencias para el equilibrio estratégico internacional.
EL GOLFO PIDE UNA SALIDA AL CONFLICTO
Los países del Golfo también buscan claridad sobre el futuro de la guerra.
Durante una reunión con Trump en Nueva York, dirigentes de los países del Consejo de Cooperación del Golfo plantearon preguntas sobre cuál será la estrategia estadounidense después de las elecciones de mitad de mandato.
También expresaron su rechazo colectivo a cualquier control iraní sobre el estrecho de Ormuz.
Según fuentes regionales citadas por Reuters, los países del Golfo consideran que debe restaurarse la libertad de navegación y que Ormuz no debería convertirse en una herramienta permanente de presión contra los Estados de la región.
Al mismo tiempo, esos mismos gobiernos han presionado por una desescalada y por una salida política.
El objetivo regional es evitar quedar atrapados en una nueva fase de la confrontación entre Estados Unidos e Irán.
LA PALANCA QUE PUEDE BLOQUEAR EL ACUERDO
La misma herramienta que llevó nuevamente a Washington y Teherán a la mesa de negociación también puede convertirse en el principal obstáculo.
Estados Unidos controla la presión económica que está afectando a Irán.
Irán controla el acceso a uno de los principales puntos estratégicos del comercio energético mundial.
Ninguna de las dos partes quiere renunciar a esa ventaja sin obtener algo tangible a cambio.
Fuentes citadas por Reuters señalaron además que Teherán estaría dispuesto a retirar del acuerdo principal una demanda relacionada con el pago de tarifas de tránsito por el uso del estrecho de Ormuz y trasladarla a un documento separado.
La prioridad iraní sería conseguir primero el levantamiento del bloqueo.
Los países del Golfo, sin embargo, han rechazado la propuesta de cobrar tarifas de tránsito.
EL COSTO POLÍTICO DE ESPERAR
El calendario electoral estadounidense también aparece como un factor dentro de la negociación.
El exnegociador estadounidense Dennis Ross estimó que las posibilidades de alcanzar un acuerdo antes de las elecciones legislativas eran limitadas, aunque sostuvo que ambas partes podrían tener mayores incentivos para llegar a un entendimiento antes que después de los comicios.
Según su análisis, el bloqueo es uno de los elementos que más presión ejerce sobre la economía iraní.
Un acuerdo antes de las elecciones podría reducir las tensiones en el Golfo y contribuir a contener los precios del petróleo y de los combustibles en Estados Unidos.
Para Irán, mientras tanto, el alivio económico podría resultar más accesible mientras Trump mantenga incentivos políticos para alcanzar un acuerdo.
Después de las elecciones, según Ross, Trump podría tener menos restricciones políticas para intensificar la presión o considerar nuevas opciones militares.
PEZESHKIAN: "ESTADOS UNIDOS DEBE ELEGIR"
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, también se pronunció sobre el futuro del conflicto.
En una entrevista con Fox News, afirmó que corresponde a Estados Unidos decidir si quiere terminar la guerra y sostuvo que Teherán no desea continuar combatiendo.
Durante su intervención ante la Asamblea General de la ONU, Pezeshkian había adoptado una posición desafiante y afirmó que Irán no se "arrodillará" ante Washington.
Al mismo tiempo, sostuvo que los problemas deberían resolverse mediante el diálogo cuando eso sea posible.
Pezeshkian responsabilizó a las acciones de Israel por el inicio del conflicto y afirmó que Irán no quiere continuar la guerra.
"Es Estados Unidos quien debe elegir si quiere terminar esto o no", afirmó, según la traducción difundida por el medio.
PICKAXE MOUNTAIN VUELVE AL CENTRO DE LA TENSIÓN
Mientras la diplomacia continúa, también persisten las advertencias sobre una posible nueva escalada militar.
El canal saudí Al-Hadath citó el jueves a un funcionario israelí que afirmó que otra ronda de ataques contra Irán sería "solo cuestión de tiempo".
La fuente sostuvo que Teherán estaría intentando reactivar y reforzar su programa nuclear ante la posibilidad de una nueva ofensiva.
Según ese funcionario, Israel habría detectado esfuerzos para trasladar y reforzar partes del programa nuclear iraní en Kuh-e Kolang Gaz La, conocido como Pickaxe Mountain, cerca de la instalación nuclear de Natanz.
El material también señala que el director del organismo internacional de vigilancia nuclear de Naciones Unidas había informado anteriormente sobre actividad de construcción en Pickaxe Mountain.
Según la misma fuente israelí, Israel volvería a atacar instalaciones nucleares iraníes si Teherán cruzara determinadas "líneas rojas", ya fuera junto a Estados Unidos o de manera independiente.
La fuente afirmó además que la coordinación entre Washington e Israel continúa siendo "fuerte y constante", aunque expresó dudas sobre la posibilidad de que la mediación produzca un acuerdo.
ENTRE LA DIPLOMACIA Y UNA NUEVA ESCALADA
En Nueva York, Washington y Teherán volvieron a sentarse alrededor de una mesa de negociación.
Pero las posiciones de fondo continúan separadas.
Estados Unidos busca que la presión económica y estratégica produzca concesiones.
Irán quiere levantar esa presión antes de modificar sus posiciones y utiliza el estrecho de Ormuz como una de sus principales herramientas de negociación.
Los países del Golfo quieren recuperar la libertad de navegación y evitar que el conflicto se transforme en una guerra prolongada.
China aparece como otro actor dentro de la disputa.
Y mientras los diplomáticos intentan construir una salida por etapas, las advertencias militares continúan sobre el terreno.
El desafío no parece ser solamente alcanzar un acuerdo.
Es conseguir que ambas partes estén dispuestas a ceder una parte de su capacidad de presión sin considerar que están perdiendo la negociación.
Por ahora, Ormuz sigue cerrado, las sanciones continúan y las conversaciones permanecen abiertas.
La próxima etapa podría determinar si la diplomacia consigue transformar esa presión en un acuerdo o si el estrecho vuelve a convertirse en el punto de partida de una nueva escalada.
FOSTER! NEWS
Hechos claros. Contexto real.





