Netanyahu habría planeado atacar Irán a principios de octubre, pero Trump se opuso, según un informe
Teherán advierte que responderá ante cualquier movimiento militar israelí mientras una investigación del Financial Times revela que Israel habría preparado una ofensiva más intensa que la de febrero. Con las elecciones en ambos países como telón de fondo, la posibilidad de nuevos bombardeos vuelve a situarse en el centro de la crisis regional.
FOSTER! NEWS | MEDIO ORIENTE
23 DE OCTUBRE DE 2026
UNA OFENSIVA QUE HABRÍA QUEDADO EN SUSPENSO
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, habría preparado una nueva operación militar contra Irán para el fin de semana del 10 de octubre, pero el presidente estadounidense, Donald Trump, se habría opuesto a reanudar las hostilidades antes de las elecciones legislativas de Estados Unidos, previstas para el 3 de noviembre.
La información fue publicada el 21 de octubre por el diario británico Financial Times, que citó a tres personas familiarizadas con los planes militares. Según esas fuentes, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) estaban preparadas para ejecutar una campaña de varios días contra instalaciones nucleares iraníes, posiciones vinculadas al aparato gubernamental y determinadas infraestructuras civiles, incluidas plantas energéticas.
De acuerdo con el periódico, la operación proyectada habría sido más intensa que los ataques conjuntos realizados por Estados Unidos e Israel en febrero.
No obstante, el informe no establece con certeza si Washington habría participado directamente en aquella ofensiva o si Israel habría actuado por su cuenta.
La versión publicada describe una operación preparada, pero finalmente no ejecutada en la fecha prevista. También deja abierta la posibilidad de que los preparativos militares se utilizaran como instrumento de presión durante las negociaciones con Teherán.
La información se basa en fuentes anónimas y no representa una confirmación oficial completa de los detalles operativos. Además, Netanyahu rechazó posteriormente el informe, calificándolo de incorrecto en una entrevista con el medio israelí Arutz Sheva.
TRUMP PONE EL CALENDARIO ELECTORAL EN EL CENTRO DE LA DECISIÓN
Según las fuentes citadas por el Financial Times, Trump decidió no reanudar las operaciones militares antes de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.
El mandatario ya había declarado el 9 de octubre que Washington no atacaría Irán antes de esos comicios. La posición pública de la Casa Blanca estableció así un límite temporal a una eventual intervención estadounidense, sin descartar necesariamente decisiones posteriores.
El calendario político también tiene una dimensión israelí. El país se aproxima a sus propias elecciones parlamentarias, previstas para el 27 de octubre, en un contexto en el que la gestión de la seguridad nacional ocupa un lugar central en el debate político.
De acuerdo con el informe británico, una fuente familiarizada con las deliberaciones consideró posible que los ataques se reanudaran durante las semanas posteriores a ambas elecciones.
«Habrá un acuerdo o un ataque», señaló una de las fuentes citadas por el periódico.
Otra afirmó que todas las opciones permanecían abiertas.
Estas declaraciones expresan la evaluación de personas familiarizadas con los preparativos, no una decisión oficial de los gobiernos involucrados. No existe, a partir de la información publicada, una fecha confirmada para una nueva ofensiva.
La cuestión central es si la presión militar servirá para obtener concesiones diplomáticas o si el estancamiento de las negociaciones terminará conduciendo a una nueva fase de enfrentamientos.
ISRAEL HABRÍA AMPLIADO SU LISTA DE OBJETIVOS
Uno de los aspectos más relevantes del informe es la supuesta preparación de una nueva lista de objetivos militares por parte de Israel.
Según una de las fuentes citadas por el Financial Times, esa lista incluiría infraestructuras civiles que no fueron atacadas durante las operaciones anteriores.
Entre los objetivos mencionados en el reporte figuran instalaciones nucleares, posiciones vinculadas al aparato estatal iraní y plantas de energía.
La posible inclusión de infraestructuras civiles introduce una dimensión especialmente delicada. Los ataques contra instalaciones energéticas pueden afectar no solo a las capacidades de un Estado, sino también al suministro de electricidad, los servicios esenciales y la vida cotidiana de la población.
El derecho internacional humanitario exige distinguir entre objetivos militares y bienes civiles. Una instalación civil solo puede ser atacada si reúne los requisitos jurídicos para ser considerada un objetivo militar, y cualquier operación debe respetar los principios de distinción, proporcionalidad y precaución.
Por el momento, no se ha publicado una lista oficial y verificable de los objetivos que podrían integrar una eventual campaña futura.
Tampoco está confirmado que todos los objetivos contemplados en los preparativos descritos en el informe vayan a formar parte de una operación posterior.
TEHERÁN RESPONDE CON UNA ADVERTENCIA DE DESTRUCCIÓN
La publicación del informe provocó una nueva advertencia desde Irán.
Ebrahim Azizi, presidente de la comisión de seguridad nacional del Parlamento iraní, publicó un mensaje en hebreo en la red social X en el que advirtió a Israel que la respuesta iraní no dependería del resultado de las elecciones israelíes.
«Sean cuales sean los resultados de sus elecciones, no tenemos ninguna duda sobre su hostilidad», escribió Azizi.
A continuación, agregó: «Estamos preparados para erradicar su mal de la región para siempre en respuesta al más mínimo error operativo».
Las declaraciones constituyen una amenaza explícita contra Israel y reflejan el endurecimiento del discurso iraní ante la posibilidad de una nueva ofensiva.
Sin embargo, las palabras de Azizi deben distinguirse de una orden militar concreta. La declaración no identifica una operación específica, un objetivo determinado ni un calendario para una eventual represalia.
El mensaje sí establece una advertencia política: Teherán sostiene que responderá ante cualquier nueva acción militar israelí, independientemente de los resultados electorales.
En un contexto de elevada tensión, declaraciones de este tipo pueden reducir el margen diplomático y aumentar el riesgo de errores de cálculo, especialmente si se combinan con movimientos militares o ataques preventivos.
ARAGHCHI AFIRMA QUE IRÁN ESTÁ DISPUESTO A NEGOCIAR, PERO TAMBIÉN A DEFENDERSE
Mientras Azizi adoptaba un tono de confrontación, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, defendió públicamente una posición que combina la disposición diplomática con la preparación militar.
En un artículo publicado por el Financial Times, Araghchi afirmó que Irán seguía comprometido con la búsqueda de una solución pacífica, aunque estaba preparado para defenderse.
El canciller sostuvo que la Casa Blanca no había demostrado una disposición suficiente para alcanzar un entendimiento y expresó dudas sobre las perspectivas de progreso inmediato.
La posición iraní plantea una condición central para cualquier negociación: Teherán sostiene que no puede recuperar la confianza en Washington mientras continúe la presión militar y económica estadounidense.
Por su parte, la Administración Trump busca que Irán acepte restricciones sustanciales sobre su programa nuclear, particularmente en materia de enriquecimiento de uranio.
La diferencia entre ambas posiciones sigue siendo uno de los principales obstáculos para un acuerdo.
Washington considera que las capacidades nucleares iraníes representan un problema de seguridad que debe resolverse mediante compromisos verificables. Teherán defiende el carácter pacífico de su programa, aunque el nivel de enriquecimiento de uranio, las restricciones impuestas a los inspectores internacionales y las disputas sobre la transparencia nuclear han generado preocupación internacional.
La combinación de exigencias incompatibles y desconfianza mutua mantiene abierta la posibilidad de una salida diplomática, pero dificulta alcanzar un acuerdo duradero.
LA VISITA RESERVADA DE HEGSETH A ISRAEL
El informe sobre los preparativos militares apareció dos días después de una visita reservada a Israel del secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth.
Según la información publicada, Hegseth se reunió con Netanyahu para abordar amenazas regionales. La coincidencia temporal entre la visita y la publicación de los planes ha despertado interés sobre el alcance de las consultas entre ambos gobiernos.
Sin embargo, la proximidad entre ambos acontecimientos no demuestra por sí sola que la reunión tuviera como objetivo autorizar una nueva ofensiva.
El Pentágono no ofreció comentarios sobre el informe del Financial Times, según el periódico británico.
La falta de una explicación oficial detallada deja sin aclarar el alcance de las conversaciones, las posibles condiciones de una futura operación y el grado de coordinación militar entre Washington y Jerusalén.
La relación entre ambos países continúa siendo determinante para cualquier escenario de escalada. Estados Unidos dispone de capacidades militares que podrían modificar el alcance de una operación, mientras que Israel mantiene sus propias fuerzas aéreas, servicios de inteligencia y planificación estratégica.
La cuestión de una eventual participación estadounidense permanece abierta.
MISILES BALÍSTICOS Y LA RECONSTRUCCIÓN DE LAS CAPACIDADES IRANÍES
Otro factor de preocupación para Israel es la evolución del programa de misiles balísticos iraní.
Según los informes citados por medios israelíes, Irán habría realizado pruebas de misiles balísticos desde varios emplazamientos durante los últimos días, en lo que podría formar parte de un esfuerzo para reconstruir capacidades militares dañadas durante los enfrentamientos anteriores.
La evaluación atribuida al ejército israelí sostiene que esa reconstrucción continúa siendo lenta y parcial.
No obstante, la información disponible no permite determinar con precisión el alcance actual del arsenal iraní, el número de sistemas operativos ni la capacidad efectiva de producción y despliegue.
Los misiles balísticos son un componente central del equilibrio militar regional porque pueden alcanzar objetivos a grandes distancias y obligar a los países adversarios a invertir en sistemas de detección, interceptación y defensa aérea.
Para Israel, una recuperación sustancial de las capacidades iraníes podría modificar la evaluación de riesgos militares. Para Teherán, mantener una capacidad de represalia constituye un elemento de disuasión frente a una posible ofensiva.
La interpretación de estas pruebas como una amenaza inmediata, sin embargo, requiere información adicional sobre los sistemas utilizados, sus características y la escala de los ensayos.
EL ESTRECHO DE ORMUZ: EL OTRO FRENTE DE LA NEGOCIACIÓN
La disputa entre Washington y Teherán no se limita al programa nuclear. También incluye el control del tráfico marítimo y las condiciones para reabrir el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el transporte internacional de petróleo y gas.
Según la versión iraní de las conversaciones, Teherán ha condicionado la recuperación de la confianza en Estados Unidos al cumplimiento de siete exigencias formuladas el mes anterior.
Entre ellas figuran el levantamiento del bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes, la eliminación de sanciones que afectan a las exportaciones de petróleo y el cese de las hostilidades en los distintos frentes regionales.
Esta última condición incluye el conflicto entre Israel y Hezbolá en el Líbano, organización respaldada por Irán.
Washington, por su parte, busca que Teherán acepte restricciones sustanciales sobre su programa nuclear y reduzca su capacidad de enriquecimiento de uranio.
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, sostuvo a comienzos de octubre que Irán debía realizar una reducción significativa de su capacidad de enriquecimiento para satisfacer las exigencias de Washington.
Las diferencias sobre el orden de las concesiones constituyen un obstáculo adicional: Estados Unidos exige compromisos nucleares, mientras que Irán reclama cambios previos en las medidas económicas y militares que afectan al país.
El estrecho de Ormuz añade una dimensión internacional a la disputa. Cualquier interrupción prolongada del tránsito marítimo podría repercutir en los precios de la energía, las cadenas de suministro y la estabilidad de los mercados globales.
Por ello, el resultado de las negociaciones tendrá consecuencias que exceden la relación bilateral entre Washington y Teherán.
UN CONFLICTO QUE PUEDE REABRIRSE DESPUÉS DE LAS ELECCIONES
La información publicada por el Financial Times plantea un escenario en el que las decisiones políticas de las próximas semanas podrían influir en el rumbo de la confrontación.
Por un lado, las fuentes citadas sostienen que Israel había preparado una nueva campaña de ataques y que una reanudación de las hostilidades después de las elecciones no puede descartarse.
Por otro, la versión ha sido rechazada por Netanyahu y no existe una confirmación pública completa de los detalles operativos ni de una decisión definitiva de atacar.
También persiste la posibilidad de que los preparativos militares hayan sido utilizados para aumentar la presión sobre Irán durante las negociaciones.
La situación presenta, por tanto, tres vías posibles: la reanudación de las conversaciones y un acuerdo; la prolongación del estancamiento bajo presión económica y militar; o una nueva ofensiva que desencadene represalias.
Ninguno de estos escenarios puede darse por confirmado.
La respuesta iraní ante una eventual operación, el grado de participación estadounidense y el efecto de las elecciones sobre las decisiones de ambos gobiernos serán factores determinantes para evaluar la evolución de la crisis.
EL ESCENARIO QUE VIENE
La tensión entre Israel e Irán vuelve a aumentar tras la publicación de un informe del Financial Times que sostiene que Benjamin Netanyahu había preparado una ofensiva militar para octubre y que Donald Trump se había opuesto a reanudar los ataques antes de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.
El reporte, basado en fuentes anónimas, describe posibles ataques contra instalaciones nucleares, posiciones vinculadas al Gobierno iraní e infraestructuras civiles. Netanyahu rechazó posteriormente la versión, por lo que los detalles de las deliberaciones no pueden considerarse plenamente establecidos.
Desde Teherán, Ebrahim Azizi advirtió que Irán respondería ante cualquier error operativo israelí, mientras que el canciller Abbas Araghchi reiteró la disposición de su país a negociar y, al mismo tiempo, defenderse.
Las conversaciones continúan bloqueadas por diferencias sobre el programa nuclear, las sanciones económicas, el bloqueo de los puertos iraníes y la situación del estrecho de Ormuz.
El escenario combina preparativos militares reportados, amenazas públicas y una negociación sin avances decisivos. La posibilidad de nuevos ataques sigue abierta, pero no existe una confirmación oficial de que se haya autorizado una nueva ofensiva ni de que vaya a producirse después de las elecciones.
La evolución de la crisis dependerá de las decisiones de Washington, Jerusalén y Teherán: un acuerdo podría contener la escalada, mientras que una nueva operación militar abriría el riesgo de represalias y de una ampliación del conflicto regional.
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