La crisis que está cambiando las ciudades: millones de personas ya no pueden permitirse vivir donde trabajan
El acceso a una vivienda adecuada se convirtió en uno de los grandes desafíos sociales del siglo XXI. Naciones Unidas estima que hasta 3.400 millones de personas no tienen acceso a una vivienda adecuada, mientras los alquileres, el precio del suelo, la desigualdad, los desplazamientos y el cambio climático están transformando la vida cotidiana de las ciudades.
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LA VIVIENDA DEJÓ DE SER SOLAMENTE UN PROBLEMA INMOBILIARIO
Durante décadas, comprar o alquilar una vivienda fue considerado principalmente una decisión económica individual.
Hoy la situación es diferente.
El acceso a una vivienda adecuada determina dónde puede vivir una persona, cuánto tarda en llegar a su trabajo, qué escuela pueden elegir sus hijos, qué servicios tiene disponibles y hasta qué posibilidades tiene de permanecer dentro de la comunidad donde construyó su vida.
El Informe Mundial de las Ciudades 2026 de ONU-Hábitat estima que hasta 3.400 millones de personas carecen de una vivienda adecuada. Más de 1.100 millones viven en asentamientos informales o barrios marginales.
La crisis ya no puede entenderse solamente como una cuestión de precios.
Es una cuestión de cómo queremos construir las ciudades del futuro.
EL DÉFICIT HABITACIONAL SIGUE CRECIENDO
El déficit mundial de viviendas aumentó de aproximadamente 251 millones de unidades en 2010 a 288 millones en 2023.
La cifra muestra algo fundamental.
El mundo construye viviendas.
Pero no las construye al ritmo, en los lugares ni bajo las condiciones necesarias para satisfacer la demanda.
La urbanización continúa avanzando mientras el suelo urbano se vuelve más caro y la construcción enfrenta mayores costos.
Y la brecha continúa creciendo.
CASI LA MITAD DE LOS HOGARES ENFRENTA PRESIÓN SOBRE EL ALQUILER
Uno de los datos más contundentes del informe de ONU-Hábitat es que el 44% de los hogares del mundo gasta más del 30% de sus ingresos en alquiler.
El 30% se utiliza habitualmente como referencia para identificar una carga significativa de vivienda.
Cuando una familia necesita destinar una parte demasiado grande de sus ingresos a mantener un techo, queda menos dinero disponible para:
alimentación · educación · transporte · salud · ahorro · recreación
La vivienda empieza entonces a absorber la economía familiar.
Y cuando esto ocurre a escala masiva, deja de ser un problema privado.
Se convierte en un problema social.
LAS CIUDADES ESTÁN CRECIENDO MÁS RÁPIDO QUE SU CAPACIDAD
La presión aumentará durante las próximas décadas.
ONU-Hábitat proyecta que las áreas urbanas incorporarán aproximadamente 2.000 millones de habitantes adicionales hacia 2050.
Eso significa que las ciudades tendrán que construir no solamente más viviendas.
También necesitarán:
transporte
escuelas
hospitales
agua
electricidad
espacios verdes
sistemas de residuos
infraestructura digital
seguridad
empleos
Una ciudad puede construir millones de viviendas y seguir teniendo una crisis social si esas viviendas están demasiado lejos de los lugares donde las personas trabajan y estudian.
EL PROBLEMA DEL PRECIO NO TERMINA EN EL ALQUILER
Cuando se habla de vivienda, la discusión suele concentrarse en el precio de una casa o de un departamento.
Pero el verdadero costo puede ser mucho mayor.
Una vivienda barata ubicada a dos horas del empleo puede terminar siendo extremadamente cara en términos de:
tiempo + transporte + oportunidades perdidas.
La ubicación determina el acceso a prácticamente todo.
Por eso ONU-Hábitat plantea que una vivienda adecuada no significa únicamente tener cuatro paredes y un techo.
También debe estar conectada con servicios, oportunidades y condiciones dignas de vida.
LA CRISIS TAMBIÉN ESTÁ CAMBIANDO A LAS FAMILIAS
Cuando una persona no puede acceder a una vivienda independiente, aparecen nuevas estrategias familiares.
Adultos jóvenes permanecen más tiempo en el hogar de sus padres.
Parejas postergan la formación de una familia.
Familias comparten viviendas.
Trabajadores se mudan a zonas cada vez más alejadas.
Otros directamente abandonan las ciudades donde nacieron.
La vivienda termina influyendo sobre decisiones que parecen pertenecer a otros ámbitos de la sociedad.
Incluso sobre la natalidad, la movilidad laboral y las relaciones familiares.
LOS JÓVENES ESTÁN ENTRE LOS MÁS AFECTADOS
El problema tiene una dimensión generacional.
Los precios de las viviendas han aumentado en numerosos mercados mucho más rápido que los ingresos de los jóvenes.
En Europa, por ejemplo, Eurofound señala que los precios promedio de venta de viviendas aumentaron 55,4% desde 2010, mientras los alquileres subieron 26,7% durante el mismo período, afectando especialmente a los jóvenes.
La consecuencia es una transformación silenciosa.
Una generación puede tener empleo, formación universitaria y acceso a tecnología.
Pero aun así no conseguir independizarse.
SAN FRANCISCO MUESTRA HASTA DÓNDE PUEDE LLEGAR EL PROBLEMA
Uno de los ejemplos más extremos aparece en San Francisco.
El auge económico vinculado a la inteligencia artificial aumentó la demanda de vivienda en una ciudad que ya tenía una oferta limitada.
El alcalde declaró recientemente una emergencia de alquileres después de que el alquiler medio de un departamento de un dormitorio alcanzara aproximadamente 4.495 dólares mensuales, más del doble del promedio nacional estadounidense citado en el informe.
La paradoja es enorme.
La tecnología está generando riqueza.
Pero esa misma riqueza puede expulsar a quienes no pueden seguir el ritmo de los precios inmobiliarios.
Es una de las grandes contradicciones de las nuevas economías urbanas.
EUROPA TAMBIÉN ESTÁ BUSCANDO UNA RESPUESTA
La Unión Europea está comenzando a tratar la vivienda como una cuestión política continental.
La Comisión Europea propuso nuevas reglas para abordar el impacto de los alquileres turísticos de corta duración en ciudades con fuerte presión inmobiliaria, como París, Barcelona y Venecia.
La propuesta contempla mecanismos para identificar zonas con problemas de disponibilidad y analizar variables como:
precio de la vivienda / ingresos
evolución de precios
disponibilidad habitacional
El objetivo es permitir que las autoridades locales adopten medidas más específicas.
Pero existe una discusión de fondo.
¿El problema son los alquileres turísticos?
¿O el problema principal es que las ciudades no están construyendo suficientes viviendas?
La respuesta probablemente sea diferente en cada ciudad.
EL MERCADO DE VIVIENDA TAMBIÉN PUEDE CAMBIAR UNA CIUDAD
Cuando una zona comienza a atraer inversión, los precios pueden aumentar.
Llegan nuevos negocios.
Se construyen edificios.
Aparecen restaurantes, oficinas y nuevos servicios.
La ciudad se revitaliza.
Pero también puede ocurrir algo más.
Los habitantes originales ya no pueden pagar para quedarse.
Entonces comienza un proceso de desplazamiento social.
El barrio cambia.
La infraestructura mejora.
La inversión aumenta.
Pero parte de la comunidad que hizo posible la identidad del lugar desaparece.
El desafío consiste en conseguir que la transformación urbana no destruya la comunidad que pretende mejorar.
EL CAMBIO CLIMÁTICO AGREGÓ UNA NUEVA AMENAZA
La crisis habitacional tampoco puede separarse del clima.
ONU-Hábitat advierte que los riesgos climáticos están aumentando la vulnerabilidad de los sistemas de vivienda.
El informe estima que los peligros relacionados con el clima podrían destruir 167 millones de viviendas para 2040 si no se acelera la adaptación.
Inundaciones.
Incendios.
Olas de calor.
Tormentas.
Deslizamientos.
Sequías.
Los sectores de menores ingresos suelen tener menos recursos para protegerse.
Esto genera una nueva desigualdad:
quién puede permitirse vivir en un lugar seguro y quién no.
LOS BARRIOS INFORMALES SON PARTE DE LA CIUDAD, NO UN PROBLEMA APARTE
Más de 1.100 millones de personas viven actualmente en asentamientos informales o barrios marginales, según ONU-Hábitat.
Durante mucho tiempo, las políticas urbanas trataron estos lugares como espacios que debían desaparecer.
El enfoque actual plantea algo diferente.
La transformación de esos barrios puede convertirse en una oportunidad para mejorar:
agua
saneamiento
transporte
electricidad
espacios públicos
seguridad
vivienda
La integración puede ser más efectiva que simplemente desplazar a las personas.
LA VIVIENDA TAMBIÉN ES UNA CUESTIÓN DE SALUD
Una vivienda inadecuada puede significar humedad, contaminación, hacinamiento, calor extremo, frío, falta de agua potable o exposición a riesgos ambientales.
Eso termina afectando directamente la salud.
Por eso ONU-Hábitat considera la vivienda una base para el bienestar, la salud, la educación, la movilidad y la inclusión social.
La discusión habitacional, entonces, no pertenece exclusivamente al sector inmobiliario.
También pertenece a:
salud pública
educación
transporte
medio ambiente
economía
derechos humanos
EL MUNDO URBANO ESTÁ CAMBIANDO
La población urbana mundial continúa creciendo.
La ONU señala que la proporción de población mundial que vive en ciudades podría alcanzar aproximadamente 70% para 2050.
Eso significa que buena parte del futuro social del planeta se decidirá dentro de las ciudades.
No solamente en los parlamentos.
No solamente en los mercados.
También en los barrios.
En las estaciones de tren.
En las escuelas.
En los edificios.
En los espacios públicos.
En la distancia entre una vivienda y un empleo.
EL GRAN DESAFÍO: CONSTRUIR CIUDADES DONDE LA GENTE PUEDA VIVIR
La pregunta ya no es simplemente:
¿Cuántas viviendas puede construir una ciudad?
La pregunta es:
¿Cuántas viviendas puede construir y mantener accesibles para las personas que necesitan vivir allí?
Eso cambia completamente el enfoque.
Una ciudad sostenible no puede medir su éxito solamente por la cantidad de edificios nuevos.
También debe preguntarse:
¿Quién puede vivir allí?
¿Quién puede quedarse?
¿Quién puede trabajar allí?
¿Quién puede formar una familia?
¿Quién puede envejecer allí?
¿Quién puede regresar?
UNA CRISIS QUE PUEDE DEFINIR LA PRÓXIMA GENERACIÓN
El problema habitacional está adquiriendo una dimensión que atraviesa generaciones.
Para muchos jóvenes, comprar una vivienda se convirtió en una meta cada vez más distante.
Para muchas familias, alquilar significa sacrificar otras necesidades.
Para millones de personas desplazadas, conseguir una vivienda adecuada es directamente una cuestión de supervivencia.
Y para las ciudades, construir suficientes hogares se convirtió en una cuestión de competitividad, cohesión social y estabilidad.
FOSTER! ANALIZA
La crisis mundial de vivienda revela algo mucho más profundo que el precio de un departamento.
Revela cómo está cambiando la relación entre las personas y las ciudades.
Durante el siglo XX, las ciudades prometían algo poderoso:
si trabajabas, podías construir una vida allí.
Esa promesa se está debilitando.
Cuando una persona puede conseguir empleo en una ciudad pero no puede permitirse vivir cerca de él, el sistema urbano comienza a romperse.
Cuando un profesor no puede vivir en el barrio donde enseña.
Cuando un médico debe viajar horas para llegar al hospital.
Cuando una familia debe abandonar la ciudad donde nacieron sus hijos.
Cuando un joven con trabajo no puede independizarse.
La vivienda deja de ser un problema inmobiliario.
Se convierte en un problema de pertenencia.
Y esa puede ser la verdadera batalla de las ciudades del siglo XXI:
no solamente construir ciudades más grandes, sino construir ciudades donde las personas todavía puedan construir una vida.
FOSTER! NEWS
Hechos claros. Contexto real.


