La batalla por el clima: qué dice la ciencia, qué cuestionan sus críticos y dónde están realmente las diferencias
El cambio climático se ha convertido en una de las mayores discusiones científicas, económicas y políticas del siglo XXI. El IPCC y organismos meteorológicos internacionales atribuyen el calentamiento observado principalmente a la influencia humana, mientras organizaciones como CLINTEL cuestionan distintos aspectos de las interpretaciones dominantes, especialmente el papel de los modelos, la magnitud de los riesgos y la caracterización de una emergencia climática. Entre los extremos del debate existe una cuestión fundamental: qué dicen realmente las observaciones y qué parte corresponde a interpretación, proyección o política.
FOSTER! NEWS | MEDIO AMBIENTE
23 DE SEPTIEMBRE DE 2026
LA PREGUNTA QUE DIVIDIÓ AL PLANETA
Durante décadas, la discusión sobre el clima fue principalmente científica.
Hoy es mucho más.
Está presente en las elecciones, en los mercados energéticos, en la agricultura, en la industria, en los sistemas de transporte, en las inversiones, en las relaciones internacionales y en las decisiones que determinarán cómo se produce y consume energía durante las próximas décadas.
Pero debajo de todas esas discusiones existe una pregunta mucho más básica:
¿qué está ocurriendo realmente con el clima de la Tierra?
La respuesta depende de qué evidencia se examine, qué período se utilice, qué variables se midan y cómo se interpreten.
Y precisamente ahí comienza una de las controversias científicas más importantes de nuestro tiempo.
UN PLANETA QUE SE ESTÁ CALENTANDO
Hay una parte de la historia que puede observarse directamente.
La temperatura media global ha aumentado respecto del período preindustrial.
La Organización Meteorológica Mundial informa que 2015–2025 constituyeron los once años más cálidos registrados, y que 2025 fue el segundo o tercer año más cálido del registro, con una temperatura media global aproximadamente 1,43 °C por encima del promedio de 1850–1900.
El IPCC, por su parte, concluye que la influencia humana ha calentado la atmósfera, el océano y la superficie terrestre desde la era preindustrial.
Esas son observaciones y evaluaciones científicas.
Pero una pregunta diferente aparece inmediatamente después:
¿cuánto de ese cambio puede atribuirse a las actividades humanas y cuánto corresponde a la variabilidad natural del sistema climático?
Ahí comienza el verdadero debate.
EL CLIMA NUNCA FUE ESTÁTICO
La Tierra no posee un clima inmóvil.
Mucho antes de la aparición de las sociedades industriales, el planeta atravesó períodos de calentamiento, enfriamiento, glaciaciones, cambios en los océanos, variaciones orbitales, erupciones volcánicas y modificaciones de la composición atmosférica.
El clima siempre cambió.
La cuestión contemporánea no consiste simplemente en demostrar que el clima cambia.
La pregunta es:
qué está provocando el cambio observado ahora, a qué velocidad ocurre y qué parte puede atribuirse a cada factor.
El IPCC sostiene que la evidencia acumulada permite identificar una influencia humana dominante sobre el calentamiento observado.
Los críticos de determinadas interpretaciones climáticas no necesariamente niegan que el planeta se haya calentado.
El desacuerdo puede situarse en otro lugar:
la magnitud de la influencia humana, la sensibilidad climática, la representación de procesos en los modelos y la interpretación de los riesgos futuros.
EL CO₂ EN EL CENTRO DE LA DISCUSIÓN
El dióxido de carbono ocupa un lugar central en la ciencia climática contemporánea.
Su concentración atmosférica ha aumentado considerablemente desde la Revolución Industrial y el CO₂ absorbe radiación infrarroja, un mecanismo físico conocido desde hace más de un siglo.
La discusión científica moderna no gira simplemente alrededor de si el CO₂ tiene efecto radiativo.
La cuestión es mucho más amplia.
Incluye cómo ese efecto interactúa con vapor de agua, nubes, hielo, océanos, vegetación, aerosoles, circulación atmosférica y otros componentes del sistema climático.
Por eso, una molécula de CO₂ no puede traducirse directamente en una determinada temperatura futura.
Entre ambas cosas existe un sistema climático completo.
CUANDO LOS MODELOS ENTRAN EN ESCENA
Aquí aparece uno de los puntos más discutidos.
Los modelos climáticos son representaciones matemáticas del sistema terrestre.
Dividen la atmósfera, los océanos, la superficie y otros componentes en sistemas calculables e incorporan ecuaciones físicas, datos observacionales, parametrizaciones y supuestos.
No son fotografías del futuro.
Son herramientas para explorar cómo podría evolucionar el sistema bajo determinadas condiciones.
CLINTEL sostiene precisamente que las salidas de los modelos dependen de las hipótesis, relaciones, parametrizaciones y restricciones introducidas por sus desarrolladores, y reclama una evaluación más crítica de esas proyecciones.
El IPCC, en cambio, utiliza múltiples modelos y líneas independientes de evidencia y señala que los modelos climáticos constituyen una parte de una evaluación mucho más amplia basada también en observaciones y comprensión física.
La diferencia es importante:
un modelo no es una observación.
Pero tampoco significa que todo resultado de un modelo carezca de valor científico.
La cuestión es determinar para qué pregunta, bajo qué supuestos y con qué incertidumbre puede utilizarse.
LA CIENCIA NO OBSERVA EL FUTURO
Existe una confusión frecuente en el debate climático.
Una proyección no es una predicción incondicional.
Una proyección responde, en esencia:
si determinadas condiciones se mantienen o cambian de determinada manera, ¿cómo podría responder el sistema?
Por eso las proyecciones climáticas dependen de escenarios.
Cambiar las emisiones futuras, el uso del suelo, la evolución económica o las políticas energéticas cambia las condiciones de entrada.
Y, por lo tanto, cambia las proyecciones.
Esto no convierte a los modelos en inútiles.
Pero tampoco permite tratarlos como una máquina capaz de anunciar exactamente cómo será el clima en una fecha determinada.
CLINTEL ENTRA EN EL DEBATE
En 2019 fue creada Climate Intelligence (CLINTEL), una fundación que declara como objetivo promover el debate sobre ciencia y política climática y distinguir entre hechos, supuestos y predicciones.
Su posición más conocida está resumida en la World Climate Declaration, cuyo lema central es que "no existe una emergencia climática".
La declaración cuestiona determinadas interpretaciones de la evidencia climática, el peso atribuido a los modelos y algunas conclusiones sobre los riesgos derivados del calentamiento.
Actualmente CLINTEL publica 2.079 firmantes y 338 colaboradores de distintos países.
Ese número documenta el tamaño de la lista de firmantes.
Pero una lista de firmas, por sí sola, no resuelve una cuestión científica.
En ciencia, la fuerza de una afirmación depende de la evidencia, los métodos, la reproducibilidad y la capacidad de resistir la contrastación, no solamente del número de personas que la respaldan.
LO QUE DICE LA EVIDENCIA INTERNACIONAL
El IPCC llega a una conclusión diferente respecto de la atribución del calentamiento observado.
Su evaluación sostiene que la influencia humana ha calentado inequívocamente la atmósfera, el océano y la tierra, y que múltiples indicadores del sistema climático muestran respuestas consistentes con esa influencia y con la comprensión física disponible.
La OMM, en su evaluación más reciente, también señala que las concentraciones de gases de efecto invernadero impulsan el calentamiento continuado de la atmósfera y el océano y el deshielo.
Esto no significa que cada fenómeno meteorológico individual pueda atribuirse automáticamente al cambio climático.
Ni significa que todos los modelos reproduzcan perfectamente todos los aspectos del sistema terrestre.
Significa que, para las principales organizaciones científicas que realizan estas evaluaciones, la evidencia acumulada sobre el calentamiento antropogénico es muy fuerte.
EL PUNTO DONDE EL DEBATE SE COMPLICA
Una cosa es afirmar:
"La Tierra se está calentando."
Otra:
"La actividad humana contribuye al calentamiento."
Otra:
"La actividad humana es el principal factor del calentamiento observado."
Y otra completamente diferente:
"Sabemos exactamente cómo evolucionará cada región del planeta durante las próximas décadas."
Estas cuatro afirmaciones no tienen el mismo nivel de incertidumbre.
La primera puede apoyarse directamente en registros instrumentales.
La segunda y tercera requieren atribución física y estadística.
La cuarta requiere proyecciones sobre un sistema complejo cuyo comportamiento regional presenta incertidumbres considerablemente mayores.
EXTREMOS CLIMÁTICOS: OTRA BATALLA
El debate se vuelve todavía más complejo cuando se habla de fenómenos extremos.
No todos los extremos responden de la misma manera al calentamiento.
El IPCC ha encontrado evidencia de aumentos en la frecuencia e intensidad de determinados episodios de calor extremo y precipitaciones intensas, aunque la magnitud de las tendencias varía según el fenómeno y la región.
La OMM también documenta impactos crecientes asociados con olas de calor, lluvias intensas, ciclones y otros fenómenos extremos.
Pero atribuir un evento individual requiere un análisis específico.
Una inundación no se convierte automáticamente en "causada por el cambio climático".
Una sequía tampoco.
Una ola de calor puede tener múltiples factores.
La atribución de eventos es una disciplina científica propia.
EL CLIMA NO ES UNA SOLA VARIABLE
Otra fuente de confusión es reducir el clima a una única cifra: la temperatura media global.
Pero el sistema climático incluye:
atmósfera, océanos, hielo, suelo, biosfera, circulación atmosférica, humedad, precipitaciones y balance energético.
La OMM informa que el océano continúa calentándose y absorbiendo grandes cantidades de energía, mientras el nivel del mar, los glaciares y el hielo marino muestran cambios importantes.
Por eso la evaluación climática moderna no depende de un único termómetro.
Depende de múltiples líneas independientes de evidencia.
DONDE CLINTEL PLANTEA SUS OBJECIONES
La Declaración Mundial sobre el Clima de CLINTEL sostiene, entre otros puntos, que el calentamiento reciente no constituye necesariamente una emergencia climática, que los modelos climáticos tienen limitaciones importantes y que determinados riesgos climáticos han sido sobredimensionados.
CLINTEL también afirma que las políticas climáticas deberían apoyarse más en análisis científicos y económicos críticos y que la discusión debe diferenciar entre observaciones, supuestos y predicciones.
Estas son las posiciones declaradas por CLINTEL.
No deben confundirse con una conclusión independiente de FOSTER! NEWS.
DONDE EL IPCC Y LA EVALUACIÓN INTERNACIONAL DIFIEREN
La evaluación del IPCC sostiene que existe evidencia suficiente para atribuir el calentamiento observado principalmente a la influencia humana y que los riesgos aumentan con cada incremento adicional del calentamiento.
También reconoce incertidumbres.
En particular, existen diferencias regionales importantes, incertidumbres en determinados procesos físicos y límites para proyectar algunos fenómenos a escalas locales.
Esto permite una distinción fundamental:
reconocer incertidumbre no equivale a negar lo que sí está establecido.
Y reconocer evidencia sólida tampoco significa que cada proyección futura sea conocida con exactitud.
EL ERROR DE CONVERTIR LA CIENCIA EN DOS BANDOS
La discusión pública suele presentar dos equipos.
Unos serían "los científicos".
Los otros serían "los escépticos".
La realidad científica es mucho más compleja.
La ciencia funciona mediante hipótesis, observaciones, experimentos, modelos, revisión crítica y actualización de conclusiones.
Un investigador puede aceptar que el calentamiento antropogénico existe y, al mismo tiempo, cuestionar una determinada proyección regional.
Otro puede aceptar la física del efecto invernadero y discrepar sobre la sensibilidad climática.
Otro puede aceptar la atribución antropogénica y cuestionar una determinada política energética.
Ciencia climática y política climática no son la misma cosa.
UNA DIFERENCIA QUE CAMBIA TODO
Quizás la distinción más importante de todo este debate sea ésta:
describir el clima no es lo mismo que decidir qué hacer con él.
La ciencia puede estudiar temperaturas, precipitaciones, emisiones, océanos, glaciares y fenómenos extremos.
Pero decidir cuánto debe invertir un país en energías renovables, cuánto debe gravar el carbono, qué tecnologías debe prohibir o cuánto debe gastar en adaptación pertenece a otro ámbito.
Esas son decisiones políticas y económicas.
No salen automáticamente de un termómetro.
EL COSTO DE EQUIVOCARSE
Existe además una cuestión que rara vez aparece con suficiente claridad.
Las decisiones climáticas tienen costos en ambas direcciones.
Una política insuficiente frente a determinados riesgos climáticos puede generar costos económicos y sociales.
Pero una política mal diseñada también puede generar costos: energía más cara, pérdida de competitividad industrial, dependencia tecnológica, efectos distributivos o inversiones poco eficientes.
Por eso la discusión no debería reducirse a:
"¿Existe cambio climático?"
También debería preguntar:
¿qué riesgo estamos gestionando?
¿qué incertidumbre existe?
¿cuánto cuesta reducirlo?
¿qué alternativas existen?
¿qué consecuencias tendría no actuar?
EL DATO NO HABLA SOLO
Un gráfico climático puede ser verdadero y, sin embargo, ser utilizado para sostener una conclusión que no se desprende directamente de él.
Una anomalía puede ser real.
Una tendencia puede ser real.
Una proyección puede ser matemáticamente correcta bajo determinado escenario.
Pero cada una responde a una pregunta diferente.
La responsabilidad periodística consiste precisamente en no mezclarlas.
LO QUE SABEMOS
Sabemos que el planeta se ha calentado respecto de la era preindustrial.
Sabemos que las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero han aumentado.
Sabemos que el CO₂ tiene propiedades radiativas capaces de afectar el balance energético terrestre.
Sabemos que los océanos se han calentado.
Sabemos que el hielo y los glaciares han experimentado pérdidas importantes.
Y las principales evaluaciones científicas internacionales atribuyen la mayor parte del calentamiento observado a la influencia humana.
LO QUE TODAVÍA TIENE INCERTIDUMBRE
No conocemos con precisión absoluta cómo responderá cada región del planeta.
No podemos predecir cada fenómeno extremo individual.
Los modelos presentan limitaciones.
Las proyecciones dependen de escenarios futuros.
La magnitud de determinados efectos regionales continúa siendo objeto de investigación.
Y la interacción entre clima, ecosistemas, economía y sociedades añade capas adicionales de incertidumbre.
Reconocer esos límites no debilita la ciencia.
Es parte de cómo funciona.
DOS PREGUNTAS QUE NO DEBEN CONFUNDIRSE
La primera:
¿Está cambiando el clima y existe una influencia humana significativa?
La segunda:
¿Qué políticas debería adoptar la humanidad como consecuencia de ello?
La primera es principalmente una cuestión científica.
La segunda incorpora economía, tecnología, derecho, ética y política.
Confundirlas transforma una discusión científica en una batalla ideológica.
LA BATALLA POR EL CLIMA
La discusión climática no puede resolverse contando firmas.
Tampoco puede resolverse repitiendo consignas.
No se resuelve diciendo que todo es natural.
Ni diciendo que cada fenómeno extremo es consecuencia directa del calentamiento.
Se resuelve examinando datos, métodos, observaciones, incertidumbres y argumentos.
El IPCC sostiene una conclusión robusta sobre la influencia humana en el calentamiento observado.
CLINTEL cuestiona distintas interpretaciones de ese conocimiento y rechaza la caracterización de una emergencia climática.
Ambas posiciones existen.
Pero no tienen el mismo estatus simplemente por existir.
La pregunta periodística es otra:
¿qué evidencia respalda cada afirmación?
EL CLIMA YA NO ES SOLO CIENCIA
Durante siglos, el clima fue una condición de la existencia humana.
Después se convirtió en objeto de observación científica.
Más tarde entró en los modelos computacionales.
Y finalmente se convirtió en uno de los mayores escenarios de disputa económica y geopolítica del planeta.
Hoy, hablar de clima significa hablar de:
energía.
alimentos.
agua.
tecnología.
industria.
mercados.
seguridad.
geopolítica.
Y cada vez más, también:
poder.
LA BATALLA QUE VIENE
Quizá la pregunta más importante ya no sea quién tiene razón en una discusión de titulares.
La pregunta es quién controlará las tecnologías, los datos, la energía y las decisiones que definirán la respuesta de las sociedades al cambio climático.
Porque el clima puede ser un fenómeno natural.
Pero la respuesta humana al clima es una cuestión de poder.
Y ese es el territorio al que entraremos en el próximo capítulo.
FUENTES Y DOCUMENTACIÓN
- World Climate Declaration. Declaración que presenta la posición de la organización y sus firmantes respecto de la ciencia y las políticas climáticas. La página oficial registra actualmente 2.079 firmantes.


