Argentina, Estados Unidos e Israel rechazan una declaración de la ONU sobre futuras pandemias

La Asamblea General aprobó el documento con 153 votos a favor, tres en contra y dos abstenciones. La iniciativa, de carácter político y no vinculante, propone reforzar la cooperación internacional, la vigilancia epidemiológica y el acceso equitativo a los beneficios derivados de la investigación sobre patógenos. La votación expuso diferencias entre los gobiernos sobre el alcance de los compromisos sanitarios multilaterales y el papel de los mecanismos internacionales.

FOSTER! NEWS | MUNDO
26 DE SEPTIEMBRE DE 2026


UNA VOTACIÓN QUE MARCÓ DIFERENCIAS EN LA ONU

La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el lunes 12 de octubre una declaración política destinada a fortalecer la prevención, la preparación y la respuesta ante futuras pandemias. Argentina, Estados Unidos e Israel votaron en contra, mientras que Nueva Zelanda y Paraguay se abstuvieron. La iniciativa obtuvo 153 votos favorables.

El resultado dejó en evidencia una diferencia entre la amplia mayoría de los Estados miembros que respaldaron el documento y los tres gobiernos que rechazaron su aprobación. La declaración había sido concebida para adoptarse por consenso durante una reunión de alto nivel celebrada el 25 de septiembre, pero las objeciones planteadas durante las negociaciones impidieron alcanzar ese acuerdo y llevaron el asunto a una votación formal en la Asamblea General.

El documento no constituye un tratado internacional vinculante ni impone por sí mismo nuevas obligaciones jurídicas equivalentes a las de un acuerdo ratificado. Se trata de una declaración política que expresa compromisos y prioridades compartidas en materia de salud pública, cooperación internacional y preparación frente a emergencias sanitarias.

La votación, sin embargo, tiene relevancia diplomática: muestra hasta qué punto persisten las diferencias sobre cómo deben coordinarse los países ante enfermedades capaces de propagarse a través de las fronteras.

QUÉ PROPONE LA DECLARACIÓN

El texto aprobado plantea fortalecer la cooperación nacional, regional e internacional, con políticas orientadas por la evidencia científica, la equidad y el respeto de los derechos humanos. Su enfoque parte de una premisa central: la preparación ante una pandemia requiere capacidades sanitarias nacionales, pero también mecanismos de coordinación que permitan responder a amenazas que pueden extenderse rápidamente entre países.

Entre las principales líneas de acción se encuentran:

  • Vigilancia epidemiológica: reforzar la capacidad para detectar enfermedades emergentes y posibles brotes antes de que alcancen una propagación extensa.

  • Fortalecimiento de los sistemas sanitarios: invertir en personal, infraestructura, investigación y recursos para responder a emergencias.

  • Investigación y producción: ampliar las capacidades nacionales y regionales para desarrollar y fabricar productos médicos, vacunas, tratamientos y pruebas diagnósticas.

  • Financiación sostenible: promover recursos que permitan mantener las medidas de prevención y preparación a largo plazo.

  • Cooperación científica: facilitar el intercambio de información, muestras y datos relacionados con patógenos, bajo mecanismos que también contemplen la distribución de beneficios.

  • Participación social: incorporar a las comunidades en la planificación y la respuesta ante emergencias sanitarias.

La declaración también aborda las consecuencias económicas y sociales de las pandemias. La experiencia de la COVID-19 mostró que una emergencia sanitaria puede afectar simultáneamente los sistemas de salud, el empleo, la educación, el comercio y las finanzas públicas. Por eso, el documento plantea una respuesta que involucre a distintos sectores del Estado y no exclusivamente a las autoridades sanitarias.

EL PUNTO DE FRICCIÓN: EL ACUERDO SOBRE PANDEMIAS DE LA OMS

Uno de los aspectos centrales del debate es el Acuerdo sobre Pandemias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), adoptado en 2025. La declaración de la ONU respalda ese proceso, pero su implementación todavía depende de negociaciones pendientes sobre un anexo específico.

Ese anexo está relacionado con el Sistema de Acceso a Patógenos y Distribución de Beneficios, conocido internacionalmente como PABS, por sus siglas en inglés. El mecanismo busca establecer condiciones para compartir materiales biológicos de patógenos con potencial pandémico y sus secuencias genéticas, así como distribuir beneficios derivados de ese intercambio.

En términos prácticos, el sistema intenta abordar una cuestión compleja: cómo facilitar que los científicos y las autoridades accedan a muestras e información necesarias para identificar amenazas y desarrollar vacunas, tratamientos y pruebas diagnósticas, y cómo asegurar que los beneficios de esos avances se distribuyan de manera equitativa.

La discusión involucra cuestiones científicas, sanitarias, económicas y jurídicas. Entre ellas figuran las condiciones de acceso a los materiales biológicos, el intercambio de datos, la disponibilidad de productos médicos y la participación de los países en los beneficios de la investigación.

Según la información difundida por la OMS y recogida en los reportes sobre la votación, las negociaciones pendientes debían ser examinadas en la Asamblea Mundial de la Salud prevista para mayo de 2027, o antes mediante una sesión extraordinaria.

LAS OBJECIONES DE ESTADOS UNIDOS

La oposición estadounidense fue determinante para que la declaración no pudiera aprobarse por consenso en septiembre y terminara sometida a votación. Según los reportes, el representante de Washington cuestionó determinadas expresiones del documento por considerar que algunas referencias carecían de consenso conceptual y podían comprometer a los Estados en procesos o acuerdos que todavía no habían concluido.

Entre los puntos objetados se encontraban las referencias al Acuerdo sobre Pandemias de la OMS y a las negociaciones pendientes sobre el sistema PABS. También se plantearon reparos a determinadas formulaciones vinculadas con la equidad y la salud sexual y reproductiva.

La posición estadounidense refleja una controversia sobre el alcance que deben tener los compromisos multilaterales en materia sanitaria y sobre la forma en que las declaraciones internacionales se relacionan con las políticas nacionales.

No obstante, el rechazo a esta declaración no debe confundirse automáticamente con una oposición a todas las medidas de preparación ante pandemias. Para establecer el alcance exacto de la postura estadounidense es necesario distinguir las objeciones expresadas por su representante, las disposiciones concretas del texto y las políticas sanitarias que cada país adopta por separado.

La declaración fue aprobada pese a esas objeciones, lo que permitió a la mayoría de los Estados miembros dejar asentado su respaldo político a una mayor coordinación internacional.

ARGENTINA Y SU POSICIÓN EN EL ESCENARIO MULTILATERAL

El voto argentino se produjo durante el gobierno de Javier Milei y coincidió con las posiciones de Estados Unidos e Israel. La coincidencia vuelve a situar la política exterior argentina bajo atención en los debates de la Asamblea General, especialmente cuando las decisiones sometidas a votación se refieren a organismos internacionales y mecanismos de cooperación.

La prensa argentina describió el resultado como una nueva coincidencia diplomática entre Buenos Aires y Washington. Sin embargo, el voto compartido no demuestra por sí solo que los tres gobiernos hayan actuado por idénticos motivos: para establecer las razones específicas de la decisión argentina sería necesario contar con una explicación oficial detallada de su representación ante la ONU.

La decisión también se produjo después de que Argentina formalizara, el 17 de marzo de 2026, su salida de la Organización Mundial de la Salud, según los artículos aportados. El Gobierno había anunciado esa decisión en febrero de 2025, en un contexto en el que la administración de Donald Trump también había dispuesto la retirada estadounidense del organismo.

La salida de la OMS y el voto contra la declaración de la ONU son decisiones distintas. La primera afecta la relación institucional del país con la organización sanitaria; la segunda expresa su posición ante un documento político específico de la Asamblea General. Aunque ambas pueden analizarse dentro de la política exterior del Gobierno, no deben presentarse como si fueran una única medida.

La cuestión de fondo es qué modelo de cooperación sanitaria considera adecuado cada Estado y qué condiciones está dispuesto a aceptar en los mecanismos internacionales de preparación frente a futuras emergencias.

ISRAEL Y LAS COINCIDENCIAS DIPLOMÁTICAS

Israel también votó en contra de la declaración, junto con Argentina y Estados Unidos. El resultado situó a los tres países en la misma posición frente a una iniciativa que recibió el respaldo de 153 Estados miembros.

La coincidencia tiene relevancia diplomática porque las votaciones de la Asamblea General permiten observar acuerdos y diferencias entre los gobiernos en cuestiones que trascienden los conflictos bilaterales. Sin embargo, para explicar la postura israelí en este caso es necesario distinguir su voto de los argumentos específicos expuestos por la delegación estadounidense: la documentación disponible en los artículos compartidos no permite atribuir automáticamente a Israel todas las objeciones formuladas por Washington.

El caso ilustra cómo una misma votación puede reunir a gobiernos por razones que no necesariamente son idénticas. La identificación de esas motivaciones requiere declaraciones oficiales o documentación específica de cada delegación.

EL MENSAJE DE LA OMS TRAS LA APROBACIÓN

Después de la votación, el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, celebró el compromiso expresado por los Estados miembros de las Naciones Unidas de continuar trabajando conjuntamente.

Tedros sostuvo que el mundo había avanzado desde la pandemia de COVID-19 y llamó a los países a cumplir los compromisos adquiridos. Su mensaje puso el acento en la necesidad de convertir las declaraciones políticas en medidas concretas de prevención y preparación.

La declaración aprobada no resuelve por sí misma las diferencias sobre financiación, intercambio de patógenos o distribución de beneficios. Tampoco completa las negociaciones pendientes del Acuerdo sobre Pandemias. Su alcance inmediato es político: reafirma prioridades, expresa un respaldo mayoritario a la cooperación y mantiene esas cuestiones en la agenda internacional.

El siguiente desafío será determinar cómo se traducen esas prioridades en capacidades sanitarias reales, especialmente en países que disponen de menos recursos para detectar brotes, desarrollar productos médicos o garantizar el acceso a tratamientos.

UN ANTECEDENTE QUE VUELVE A PONER EL FOCO EN LA DIPLOMACIA ARGENTINA

La votación sobre pandemias no fue la primera ocasión reciente en la que Argentina, Estados Unidos e Israel coincidieron en rechazar una iniciativa de la Asamblea General.

El 25 de marzo de 2026, los tres países también votaron en contra de una resolución sobre la trata transatlántica de africanos esclavizados, que obtuvo 123 votos a favor y 52 abstenciones, según los antecedentes publicados por la prensa argentina. Aquella iniciativa calificó ese crimen histórico como «el crimen más grave contra la humanidad».

Ambas votaciones abordaron asuntos diferentes y no deben equipararse en su contenido ni en sus consecuencias. Sin embargo, su coincidencia permite examinar el comportamiento diplomático de Argentina en foros multilaterales y la frecuencia con la que su posición ha coincidido con la de Washington y Jerusalén en determinadas decisiones.

Para evaluar el significado de ese patrón, es necesario considerar cada resolución, sus disposiciones, las explicaciones oficiales de los votos y los intereses que cada Gobierno declara defender. La cantidad de países que apoyan o rechazan una iniciativa aporta información sobre el resultado diplomático, pero no sustituye el análisis de sus contenidos.

UNA MAYORÍA POLÍTICA, CON DESAFÍOS PENDIENTES

La aprobación de la declaración sobre pandemias dejó dos cuestiones centrales sobre la mesa: la voluntad mayoritaria de reforzar la cooperación internacional y las diferencias que todavía existen acerca de cómo llevarla a la práctica.

Por un lado, 153 países respaldaron un documento que promueve la vigilancia epidemiológica, la inversión en capacidades sanitarias y la colaboración científica. Por otro, Argentina, Estados Unidos e Israel rechazaron su aprobación, mientras Nueva Zelanda y Paraguay se abstuvieron.

El resultado no elimina las discrepancias sobre soberanía sanitaria, compromisos multilaterales, acceso a patógenos y distribución de beneficios. Tampoco resuelve las negociaciones necesarias para avanzar en la implementación del Acuerdo sobre Pandemias de la OMS.

La próxima etapa estará marcada por esas negociaciones y por la capacidad de los Estados para traducir los compromisos políticos en medidas concretas. La preparación ante futuras emergencias dependerá no solo de las declaraciones adoptadas, sino también de los recursos disponibles, la coordinación entre países y las decisiones que cada Gobierno tome dentro de sus propias competencias.

La votación de octubre deja así una señal diplomática clara: existe un respaldo amplio a la cooperación sanitaria internacional, pero persisten diferencias sobre sus instrumentos, sus límites y las condiciones bajo las cuales debe desarrollarse.


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