Afganistán, 25 años después del 11-S: Al Qaeda vuelve a encontrar espacio
Un cuarto de siglo después de los atentados que cambiaron la política mundial, informes de seguridad advierten que Al Qaeda y otros grupos extremistas han reconstruido estructuras en Afganistán bajo el régimen talibán. El Estado Islámico también amplía su presencia mientras Estados Unidos enfrenta mayores dificultades para obtener inteligencia sobre el terreno.
12 de septiembre de 2026 · FOSTER! NEWS
ASIA · SEGURIDAD · TERRORISMO
25 AÑOS DESPUÉS, AFGANISTÁN VUELVE AL MAPA
El 11 de septiembre de 2001 cambió la historia contemporánea.
Los atentados contra Nueva York y Washington desencadenaron la llamada guerra contra el terrorismo, llevaron a Estados Unidos a invadir Afganistán y convirtieron al país en el principal escenario de una campaña militar que se prolongaría durante dos décadas.
Veinticinco años después, Afganistán vuelve a aparecer en el centro de las preocupaciones de seguridad.
No porque esté ocurriendo una repetición de 2001.
Sino porque las organizaciones que Estados Unidos intentó expulsar del país han encontrado nuevamente espacio para operar.
Una investigación citada por The Washington Post, basada en funcionarios estadounidenses y occidentales y en información de Naciones Unidas, señala que Al Qaeda y sus organizaciones asociadas han establecido al menos ocho bases en Afganistán durante los últimos tres años.
El Estado Islámico, principal rival de Al Qaeda dentro del movimiento yihadista, también habría establecido instalaciones de entrenamiento.
EL REGRESO DEL TALIBÁN CAMBIÓ EL ESCENARIO
En agosto de 2021, los talibanes recuperaron el control de Kabul mientras las fuerzas estadounidenses completaban su retirada.
Cinco años después, el movimiento gobierna nuevamente Afganistán.
La diferencia respecto de los años previos al 11-S es importante.
Al Qaeda ya no posee la estructura internacional que tenía bajo Osama bin Laden.
Tampoco dispone de miles de combatientes extranjeros concentrados en Afganistán como ocurrió durante la década de 1990.
Pero los informes de Naciones Unidas y funcionarios de seguridad sostienen que el territorio vuelve a proporcionar un entorno favorable para determinadas actividades de entrenamiento, coordinación y apoyo.
Un informe de la ONU citado por The Washington Post describe precisamente ese escenario como un "entorno permisivo" que habría permitido a Al Qaeda consolidarse mediante casas seguras y campos de entrenamiento.
OCHO BASES Y UNA RED MUCHO MÁS AMPLIA
La dimensión del fenómeno es uno de los elementos más sensibles.
Según la información citada por The Washington Post, Al Qaeda y sus grupos asociados han establecido al menos ocho bases en Afganistán desde el regreso de los talibanes al poder.
Su presencia habría sido detectada en al menos 14 de las 34 provincias afganas.
Pero esto no significa que Afganistán esté nuevamente convertido en el centro mundial del terrorismo internacional.
El panorama actual es mucho más fragmentado.
Al Qaeda funciona hoy como una red descentralizada, mientras sus filiales regionales desarrollan agendas propias.
Afganistán es una pieza del sistema.
No necesariamente su centro.
AL QAEDA YA NO ES LA MISMA ORGANIZACIÓN
La Al Qaeda de 2026 es muy diferente de la organización que preparó los atentados de 2001.
Su estructura central es más pequeña.
Su liderazgo está debilitado.
Y sus principales filiales operan en diferentes regiones del mundo.
El coordinador de un equipo de Naciones Unidas que monitorea organizaciones terroristas, Colin Smith, estimó que el núcleo de Al Qaeda tendría alrededor de 100 militantes en Afganistán.
Ese número puede parecer reducido frente a la organización de hace 25 años.
Pero el tamaño no cuenta toda la historia.
La función de Al Qaeda habría evolucionado.
Ya no necesita necesariamente construir una enorme organización militar propia.
Puede convertirse en proveedor de conocimiento, entrenamiento y experiencia clandestina para otros grupos.
DEL EJÉRCITO GLOBAL A LA "CONSULTORÍA" TERRORISTA
Según Smith, citado por The Washington Post, Al Qaeda habría adoptado una función semejante a un servicio de asesoramiento para otras organizaciones.
Entre ellas aparece Tehrik-e-Taliban Pakistan, conocido como TTP.
La asistencia incluiría entrenamiento y conocimientos relacionados con operaciones clandestinas y seguridad de las comunicaciones.
Es una transformación importante.
En los años posteriores al 11-S, la preocupación estaba centrada en una organización capaz de reunir combatientes de múltiples países y proyectar operaciones directamente hacia Occidente.
Ahora el modelo es diferente.
Menos centralización. Más redes.
Menos necesidad de controlar grandes territorios.
Más capacidad para transferir conocimiento.
LOS CAMPOS DE ENTRENAMIENTO TAMBIÉN CAMBIARON
Las nuevas instalaciones no se limitarían a las técnicas tradicionales de combate.
Según funcionarios citados por The Washington Post, los entrenamientos incluyen armas, explosivos y tácticas de guerrilla.
Pero también aparecen herramientas propias del siglo XXI:
cifrado.
inteligencia artificial.
drones.
seguridad digital.
La transformación tecnológica modifica también la naturaleza de la amenaza.
Los grupos extremistas ya no necesitan reproducir exactamente las estructuras del pasado.
Pueden utilizar tecnologías comerciales para comunicarse, reclutar, coordinar y difundir propaganda.
EL ESTADO ISLÁMICO TAMBIÉN AVANZA
La otra gran pieza del tablero es Estado Islámico-Khorasan, conocido como ISIS-K.
El grupo es enemigo de Al Qaeda y mantiene una relación de abierta rivalidad con ella.
Sin embargo, ambos grupos comparten una característica:
Afganistán continúa siendo un espacio relevante para sus operaciones.
Según la información citada por The Washington Post, ISIS-K utiliza zonas del norte del país como uno de sus principales centros de entrenamiento y planificación.
Su capacidad de reclutamiento habría alcanzado aproximadamente 2.000 miembros.
La cifra debe interpretarse con cautela porque procede de evaluaciones de funcionarios y organismos de seguridad, no de un registro independiente exhaustivo.
DOS ENEMIGOS, UN MISMO TERRITORIO
La relación entre Al Qaeda y Estado Islámico es fundamentalmente de competencia.
Ambos aspiran a influir sobre el movimiento yihadista.
Pero sus estrategias son diferentes.
Al Qaeda ha tendido a construir relaciones con organizaciones locales y a integrarse en conflictos regionales.
ISIS-K mantiene una orientación más agresiva y transnacional.
El resultado es paradójico:
dos organizaciones rivales pueden desarrollarse simultáneamente dentro del mismo país.
Afganistán no se convierte necesariamente en un nuevo centro mundial unificado del terrorismo.
Se convierte en un espacio donde diferentes redes pueden entrenarse, conectarse y sobrevivir.
LA GRAN DIFERENCIA CON 2001
Hay una diferencia fundamental entre el Afganistán actual y el que existía antes del 11-S.
Las organizaciones extremistas ya no pueden movilizar fácilmente a miles de combatientes extranjeros hacia el país.
Los controles fronterizos, la vigilancia financiera, el monitoreo de viajes y las capacidades de inteligencia desarrolladas después de 2001 hicieron mucho más difícil reproducir aquel modelo.
Por eso el reclutamiento se desplazó parcialmente hacia internet.
El objetivo ya no es necesariamente llevar a todos los potenciales combatientes hasta Afganistán.
Es posible llevar la propaganda y las instrucciones hasta ellos.
EL NUEVO CAMPO DE BATALLA ESTÁ EN INTERNET
El terrorismo del siglo XXI también cambió de escenario.
Las organizaciones extremistas pueden reclutar personas sin necesidad de establecer una relación física directa.
La propaganda digital permite alcanzar individuos en otros países.
Las comunicaciones cifradas dificultan la vigilancia.
Los drones proporcionan nuevas capacidades tácticas.
Y la inteligencia artificial abre nuevas posibilidades —y nuevos riesgos— para generar contenidos, traducir propaganda y automatizar determinadas tareas.
El resultado es una amenaza más difícil de localizar.
El territorio sigue importando, pero ya no es suficiente para explicar dónde está el peligro.
EL GRAN PROBLEMA DE WASHINGTON: LA INTELIGENCIA
Aquí aparece uno de los elementos más importantes de la investigación.
Estados Unidos perdió gran parte de su capacidad de inteligencia sobre el terreno después de abandonar Afganistán en 2021.
Durante dos décadas, Washington había construido una enorme infraestructura de inteligencia alrededor del país.
Bases militares.
Redes de informantes.
Vigilancia aérea.
Interrogatorios.
Reconocimiento.
Operaciones especiales.
Todo eso desapareció o se redujo drásticamente después de la retirada.
Ahora Estados Unidos debe intentar comprender qué ocurre en Afganistán desde fuera del país.
UN PAÍS QUE VOLVIÓ A SER UNA "HABITACIÓN OSCURA"
Investigaciones periodísticas y funcionarios de seguridad han descrito el problema de forma inquietante.
Afganistán vuelve a ser un territorio donde las capacidades de observación occidentales son limitadas.
No significa que Estados Unidos esté completamente ciego.
La operación de 2022 que eliminó al líder de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri, demostró que Washington conserva capacidades importantes de inteligencia y ataque.
Pero mantener una capacidad puntual no es lo mismo que disponer de una red permanente de información.
Y esa diferencia puede ser decisiva.
TARNAK FARMS: EL PASADO QUE VUELVE
Uno de los puntos que despertó especial atención es Tarnak Farms, un antiguo complejo asociado a Osama bin Laden situado cerca del aeropuerto de Kandahar.
Funcionarios internacionales investigaron recientemente informaciones que apuntaban a una posible reactivación del lugar.
Sin embargo, una revisión de imágenes satelitales realizada por The Washington Post no encontró señales visibles que confirmaran una nueva actividad allí.
El episodio demuestra algo importante:
la falta de información fiable se ha convertido en parte del problema.
No saber exactamente qué está ocurriendo también constituye un riesgo estratégico.
LOS TALIBANES FRENTE A UNA CONTRADICCIÓN
Los talibanes aseguran que Afganistán no permitirá que su territorio sea utilizado para lanzar ataques internacionales.
Pero su relación histórica con Al Qaeda continúa siendo uno de los principales motivos de preocupación internacional.
Al Qaeda apoyó a los talibanes durante sus años de insurgencia.
Y los talibanes no rompieron completamente sus vínculos con la organización.
La situación actual es más compleja.
El régimen necesita reconocimiento internacional.
Busca comercio.
Necesita inversiones.
Quiere relaciones con países vecinos.
Y, al mismo tiempo, mantiene una estructura política e ideológica que dificulta la ruptura total con determinados grupos extremistas.
PAKISTÁN TAMBIÉN ESTÁ DENTRO DEL PROBLEMA
El impacto no termina en las fronteras afganas.
Uno de los principales beneficiarios de la experiencia de Al Qaeda es precisamente el Tehrik-e-Taliban Pakistan.
El TTP mantiene una insurgencia contra el Estado pakistaní.
Para Islamabad, esto convierte la situación afgana en una amenaza inmediata.
Para Washington, significa que un problema localizado en Afganistán puede trasladarse rápidamente hacia un país vecino que posee una importancia estratégica extraordinaria.
Y aquí aparece otro factor:
Pakistán es una potencia nuclear.
Por eso cualquier deterioro significativo de la seguridad regional tiene implicaciones que van mucho más allá del terrorismo.
EL ERROR SERÍA PENSAR EN OTRO 11-S
Los expertos consultados por distintos medios coinciden en un punto fundamental.
No hay evidencia de que Afganistán esté preparando actualmente un ataque equivalente al 11-S.
Al Qaeda tampoco posee hoy la capacidad que tenía en 2001.
El riesgo es diferente.
Más fragmentado.
Más regional.
Más difícil de detectar.
Y posiblemente más conectado con conflictos locales.
El peligro no necesariamente consiste en que una organización vuelva a construir exactamente la estructura que existía antes de 2001.
El peligro puede ser que nuevas organizaciones aprendan de aquella experiencia y desarrollen modelos más difíciles de detectar.
UNA AMENAZA QUE YA NO TIENE UN SOLO CENTRO
Hace 25 años, el mapa parecía relativamente claro:
Al Qaeda → Afganistán → Osama bin Laden → 11-S.
Hoy el mapa es mucho más complejo.
Afganistán.
Pakistán.
Siria.
Yemen.
Somalia.
Sahel.
África occidental.
Las filiales regionales tienen cada vez mayor peso.
Un análisis reciente de ACLED señala precisamente que el yihadismo global ya no gira alrededor de una sola organización, liderazgo o centro geográfico.
Eso cambia completamente la estrategia necesaria para combatirlo.


