El Niño y un mundo en alerta: el Pacífico se calienta y sus efectos ya recorren el planeta
El fenómeno climático se fortalece en el océano Pacífico y los principales centros científicos anticipan un episodio muy intenso hacia finales de 2026. Sus efectos ya están modificando ecosistemas y podrían tener consecuencias sobre las lluvias, las temperaturas, la agricultura, el agua, la energía y el comercio internacional.
Por FOSTER! News | 18 de agosto de 2026

El Pacífico vuelve a estar en el centro de la escena
El océano Pacífico está atravesando uno de los episodios climáticos más importantes de 2026. El fenómeno conocido como El Niño está presente y se fortalece, y los principales organismos científicos internacionales prevén que continúe intensificándose durante los próximos meses.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo especializado de las Naciones Unidas encargado de la cooperación internacional en meteorología, climatología, hidrología y ciencias relacionadas, informó el 31 de julio que se estaba desarrollando un episodio fuerte de El Niño y que se esperaba que se intensificara durante agosto-octubre de 2026. Los modelos internacionales utilizados por la OMM proyectaban para ese período anomalías medias de la temperatura superficial del mar superiores a 2,9 °C en las principales regiones de monitoreo.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) mantiene actualmente una alerta de El Niño. Su actualización del 13 de agosto señala que el fenómeno está presente y que las temperaturas de la superficie del mar se encuentran por encima del promedio en el Pacífico ecuatorial central y oriental.
El escenario previsto es especialmente llamativo porque los pronósticos apuntan a una posible intensidad excepcional durante los últimos meses del año. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre una previsión y un hecho confirmado: todavía no puede afirmarse que 2026 vaya a registrar definitivamente el El Niño más fuerte de la historia moderna. Esa posibilidad forma parte de los escenarios que actualmente evalúan los modelos científicos y seguirá revisándose con nuevas observaciones.
Lo que sí está confirmado es que el fenómeno está presente, se está fortaleciendo y ya está modificando las condiciones del Pacífico.
¿Qué es El Niño y por qué puede afectar a todo el planeta?
El Niño forma parte del sistema denominado ENOS, El Niño-Oscilación del Sur, una variación natural del sistema climático producida por la interacción entre el océano Pacífico tropical y la atmósfera.
Durante un episodio de El Niño, las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan por encima de sus valores habituales. Ese calentamiento modifica la circulación atmosférica, los vientos y la distribución de la humedad.
La consecuencia puede sentirse muy lejos del lugar donde se produjo el calentamiento.
En unas regiones aumentan las probabilidades de lluvias.
En otras aumenta el riesgo de sequía.
Algunas zonas experimentan temperaturas superiores a lo normal.
Otras pueden enfrentar inundaciones, alteraciones agrícolas o cambios en los ecosistemas marinos.
Para seguir la evolución del fenómeno, los científicos observan diferentes sectores del Pacífico. Uno de los principales es la región Niño 3.4, situada en el Pacífico ecuatorial central. Allí se analiza especialmente la temperatura superficial del mar, uno de los indicadores fundamentales para determinar la evolución de El Niño.
La OMM prevé que la trayectoria de intensificación alcance su máximo alrededor de noviembre. NOAA, por su parte, mantiene una perspectiva de fuerte intensidad durante el segundo semestre de 2026 y principios de 2027.
Un fenómeno natural que ocurre sobre un planeta más cálido
El Niño no es consecuencia directa del cambio climático.
Es un fenómeno natural que forma parte de la variabilidad del sistema climático terrestre y que ha ocurrido durante siglos.
La cuestión científica es otra: cómo interactúa un episodio fuerte de El Niño con un planeta que ya registra temperaturas globales y oceánicas excepcionalmente elevadas.
La OMM señala precisamente que el episodio de 2026 se está desarrollando en un contexto de temperaturas oceánicas globales muy altas. Además, prevé que la combinación entre El Niño y otros patrones oceánicos pueda amplificar determinados impactos regionales, como sequías, inundaciones e incendios forestales.
Esto no significa que cualquier fenómeno extremo que ocurra durante 2026 sea causado por El Niño.
El clima mundial depende de múltiples factores.
Pero El Niño puede modificar las probabilidades de determinados eventos en determinadas regiones.
Esa diferencia es fundamental para interpretar correctamente la situación.
El mapa mundial de las lluvias puede cambiar
Uno de los efectos más importantes de El Niño no está relacionado únicamente con el calor, sino con dónde cae el agua.
La actualización climática de la OMM para agosto-octubre de 2026 muestra un patrón característico de un episodio fuerte de El Niño.
Se esperan condiciones más húmedas de lo normal en zonas como el Cuerno de África, partes de Asia Central, el sur de Europa, sectores del oeste de América del Norte y el sudeste de América del Sur.
En sentido contrario, aumenta la probabilidad de condiciones más secas en el subcontinente indio, el sur y este de Australia, el sur de América Central, partes del Caribe, el noroeste de América del Sur y sectores del norte de Europa.
Esto no significa que todas esas regiones necesariamente experimentarán esos escenarios.
Son probabilidades climáticas.
Pero permiten identificar dónde pueden concentrarse determinados riesgos.
Y para los gobiernos y sectores sensibles al clima, esa información puede resultar decisiva.
India: el monzón bajo vigilancia
India es uno de los países donde la evolución de El Niño puede tener importantes consecuencias.
El monzón es un sistema estacional de vientos que determina una parte fundamental de las precipitaciones del subcontinente indio. Aproximadamente el 70% de las lluvias anuales de India están relacionadas con este sistema, que resulta esencial para la agricultura y para la reposición de reservas de agua.
A finales de julio, el Departamento Meteorológico de India pronosticó precipitaciones inferiores al promedio para agosto. Reuters informó que el organismo esperaba que las lluvias de agosto se situaran por debajo del 94% del promedio de largo plazo, después de un julio relativamente favorable.
La preocupación está relacionada con la posibilidad de que El Niño favorezca condiciones más secas en partes del subcontinente.
Una temporada de lluvias deficiente puede afectar cultivos, reservas de agua y actividad económica.
Y el impacto podría extenderse al exterior.
India es un importante productor y consumidor agrícola. Una menor producción de determinados productos puede modificar los flujos comerciales y ejercer presión sobre los precios internacionales.
América Latina: un continente dividido por el mismo fenómeno
América Latina presenta uno de los escenarios más complejos porque El Niño puede producir consecuencias muy diferentes dentro de la misma región.
En buena parte del sur de Sudamérica, el fenómeno suele asociarse con mayores precipitaciones durante determinadas épocas.
En cambio, en sectores del norte y oeste del continente aumenta el riesgo de condiciones secas y temperaturas elevadas.
Reuters informó que Argentina, Paraguay, Uruguay y el sur de Brasil podrían beneficiarse de una mayor disponibilidad de humedad para determinados cultivos. Pero también existen riesgos de inundaciones, daños en infraestructura, pérdida de nutrientes del suelo y enfermedades agrícolas asociadas con el exceso de lluvia.
En el norte y oeste de Brasil, el escenario puede ser prácticamente opuesto: sequía y calor, con posibles consecuencias sobre la producción agrícola y los niveles de los ríos amazónicos.
El mismo fenómeno puede generar beneficios agrícolas en una zona y pérdidas en otra.
Por eso, hablar de "el impacto de El Niño en América Latina" como si fuera único sería incorrecto.
Argentina: más humedad, pero también más riesgo de extremos
Argentina se encuentra entre los países que pueden experimentar condiciones más húmedas asociadas con El Niño durante determinados períodos.
Para el sector agropecuario, una mayor disponibilidad de agua puede resultar favorable, especialmente en regiones donde la humedad del suelo es un factor limitante.
Pero el exceso también puede convertirse en un problema.
Lluvias intensas pueden provocar anegamientos, inundaciones, daños en caminos rurales, dificultades para transportar cosechas y problemas sanitarios en los cultivos.
Además, los efectos no serán necesariamente iguales en todo el territorio.
La intensidad y distribución de las precipitaciones serán determinantes.
Una de las señales más concretas de las condiciones actuales apareció precisamente entre Argentina y Chile. Este 18 de agosto, Reuters informó que el paso internacional Cristo Redentor, en Mendoza, reabrió después de permanecer cerrado durante 34 días por fuertes nevadas y vientos en los Andes, superando el anterior récord de 26 días registrado en 2023. Expertos citados por la agencia señalaron que un El Niño excepcionalmente fuerte podría favorecer nuevas nevadas en los Andes y aumentar el riesgo de inundaciones en sectores de Perú, Argentina y el sur de Brasil.
El episodio demuestra que las consecuencias climáticas también pueden transformarse en problemas logísticos y comerciales.
La Amazonia y los ríos bajo observación
En Brasil, uno de los principales focos de atención está puesto en la Amazonia.
Los grandes ríos amazónicos son fundamentales para el transporte, la pesca, el abastecimiento y la vida cotidiana de numerosas comunidades.
Cuando los niveles de los ríos disminuyen, las embarcaciones pueden tener dificultades para navegar y el traslado de alimentos y mercancías puede encarecerse.
Además, condiciones más secas y cálidas pueden aumentar el estrés sobre los ecosistemas y elevar el riesgo de incendios en determinadas zonas.
La situación es particularmente importante porque la Amazonia no es solamente un ecosistema.
Es también una extensa red de ríos, comunidades, actividades económicas y rutas de transporte.
Panamá: cuando el agua se convierte en un problema para el comercio mundial
Uno de los ejemplos más claros de la relación entre clima y economía internacional está en el Canal de Panamá.
El canal utiliza agua dulce para operar sus esclusas. Cuando los niveles de los lagos que alimentan el sistema disminuyen, las autoridades deben ajustar las condiciones de navegación.
El 5 de agosto de 2026, la Autoridad del Canal de Panamá anunció nuevas restricciones de calado para grandes buques debido a la disminución de los niveles de agua. Los buques que utilizan las esclusas Neopanamax tendrán un calado máximo de 14,63 metros desde el 26 de agosto, reducción que posteriormente pasará a 14,48 metros desde el 3 de septiembre y hasta nuevo aviso.
El calado es la profundidad que alcanza un barco por debajo de la línea de flotación. Una restricción de calado significa que determinados buques deben transportar menos carga para poder atravesar el canal de manera segura.
La consecuencia puede llegar mucho más lejos que Panamá.
Menos carga por barco puede significar mayores costos de transporte, más viajes o modificaciones en las rutas comerciales.
El Canal de Panamá conecta importantes mercados internacionales.
Por eso, la disponibilidad de agua dulce en Centroamérica puede terminar influyendo sobre el comercio mundial.
El océano también está cambiando
El Niño no solamente altera el clima sobre los continentes.
También transforma las condiciones de vida dentro del océano.
El calentamiento de las aguas del Pacífico puede modificar la distribución de nutrientes y especies marinas.
Una consecuencia importante está relacionada con la termoclina, una zona del océano que separa aguas superficiales más cálidas de aguas profundas más frías y generalmente más ricas en nutrientes.
Durante El Niño, la termoclina puede profundizarse en determinadas zonas del Pacífico oriental, dificultando el ascenso de aguas frías y nutritivas hacia la superficie.
Eso afecta a los peces.
Y los cambios en la distribución de los peces repercuten sobre toda la cadena alimentaria.
Un ejemplo ya observable durante 2026 se encuentra en Panamá. Reuters informó que aves marinas habitualmente asociadas con las costas de Perú y Chile están apareciendo en cantidades inusuales en la bahía de Panamá. Investigadores relacionan el desplazamiento con cambios en la distribución de anchoas y sardinas provocados por el calentamiento del Pacífico.
Algunas observaciones registradas en Panamá llegaron a contabilizar entre 60 y 400 ejemplares de determinadas aves, cantidades muy superiores a las observadas durante episodios anteriores de El Niño.
La fauna está mostrando, de esta manera, una de las primeras señales visibles de un cambio que comenzó en el océano.
Agricultura: el impacto que puede terminar en los mercados
La agricultura es uno de los sectores más expuestos a El Niño porque depende de dos variables que el fenómeno puede modificar: agua y temperatura.
No solamente importa cuánto llueve.
También importa cuándo.
Una lluvia antes de la siembra puede ser beneficiosa.
Una lluvia excesiva durante la cosecha puede ser destructiva.
Una sequía durante una etapa crítica puede reducir el rendimiento.
Y una ola de calor puede afectar la calidad del producto incluso cuando existe suficiente humedad.
Durante agosto, los mercados internacionales comenzaron a prestar especial atención a las materias primas agrícolas tropicales.
Reuters informó que el fortalecimiento de El Niño está aumentando los riesgos para productos como cacao, café y azúcar. En el caso del cacao, todos los episodios fuertes de El Niño de los últimos 55 años estuvieron asociados con impactos negativos sobre la producción, especialmente en África Occidental, región que concentra aproximadamente la mitad de la oferta mundial.
El café también presenta vulnerabilidades diferentes según la variedad y la región.
Vietnam e Indonesia, grandes productores de café robusta, están expuestos a calor y sequedad.
Brasil, principal productor mundial de café, puede experimentar efectos diferentes según la zona y la fase de la temporada.
El azúcar también puede verse afectado por las condiciones en Brasil, India y Tailandia.
No significa que vaya a producirse automáticamente una crisis de abastecimiento.
Significa que aumenta la incertidumbre sobre la producción.
Y esa incertidumbre puede trasladarse a los precios.
Seguridad alimentaria: el riesgo para las poblaciones más vulnerables
El impacto potencial sobre los alimentos preocupa especialmente a los organismos humanitarios.
El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) advirtió a comienzos de agosto que un episodio fuerte de El Niño podría empujar a unos 49 millones de personas adicionales hacia una situación de inseguridad alimentaria aguda en regiones vulnerables.
La cifra representa un escenario de riesgo, no una predicción de que 49 millones de personas necesariamente pasarán hambre.
El problema está en la combinación de factores.
Sequías.
Retrasos en las lluvias.
Inundaciones.
Pérdidas agrícolas.
Precios elevados.
Conflictos.
Menor capacidad de respuesta humanitaria.
En países con sistemas alimentarios frágiles, una alteración climática puede convertirse rápidamente en una emergencia social.
Por eso, los organismos internacionales insisten en la importancia de actuar antes de que las pérdidas se materialicen.
El Niño también está entrando en las decisiones de las empresas
La preocupación no se limita a gobiernos y organismos científicos.
Las empresas también están incorporando El Niño en sus análisis de riesgo.
Reuters analizó documentos corporativos y llamadas de resultados entre mayo y agosto de 2026 y encontró 478 empresas que mencionaron El Niño en 1.443 documentos, con 316 menciones en llamadas con inversores. La cifra representa el nivel más alto de preocupación corporativa desde 2019.
Los sectores más expuestos incluyen alimentos, productos químicos, energía y servicios financieros.
La razón es directa.
Una sequía puede afectar una materia prima.
Una inundación puede interrumpir una planta.
Un río bajo puede dificultar el transporte.
Una restricción marítima puede aumentar los costos.
Y una cosecha menor puede modificar los precios internacionales.
El clima se ha convertido, por lo tanto, en una variable económica que las empresas deben incorporar a sus planes.
¿Puede convertirse en una crisis económica mundial?
El Niño no provoca automáticamente una crisis económica global.
La economía mundial cuenta con reservas de alimentos, mercados diversificados, tecnologías agrícolas y capacidad para sustituir parcialmente determinados suministros.
Pero un episodio excepcional puede aumentar la volatilidad.
Si varias regiones productoras sufren simultáneamente condiciones adversas, los precios pueden subir.
Si los costos de transporte aumentan, las mercancías pueden encarecerse.
Si la generación hidroeléctrica disminuye en determinadas regiones, puede aumentar la presión sobre otras fuentes de energía.
Y si la producción agrícola se reduce, los países importadores pueden quedar más expuestos.
El impacto económico dependerá, por lo tanto, de la combinación entre el fenómeno climático y las condiciones económicas existentes.
Un segundo océano entra en escena: el Índico
El Pacífico no es el único océano que los científicos observan.
La OMM también prevé el desarrollo de una fase positiva del Dipolo del Océano Índico (IOD, por sus siglas en inglés).
El IOD es un patrón natural de variación de las temperaturas superficiales del océano Índico. En una fase positiva, las aguas del sector occidental del océano tienden a estar más cálidas que las del sector oriental.
La combinación entre un El Niño fuerte y un IOD positivo puede reforzar determinados impactos climáticos regionales, especialmente alrededor de la cuenca del Índico.
La OMM advierte que esta combinación puede aumentar riesgos de sequía, inundaciones e incendios forestales en determinadas regiones.
Esto demuestra que el sistema climático no funciona como una colección de fenómenos independientes.
Los océanos y la atmósfera están conectados.
¿El cambio climático está haciendo más fuerte a El Niño?
Es una de las preguntas más importantes y también una de las que requiere mayor cuidado.
El Niño es natural.
El calentamiento global es consecuencia principalmente de la acumulación de gases de efecto invernadero producidos por actividades humanas.
No son el mismo fenómeno.
Los científicos continúan investigando cómo el calentamiento global puede modificar el comportamiento futuro de El Niño.
Pero sí existe un hecho fundamental: el fenómeno de 2026 se está desarrollando en un planeta con temperaturas de fondo más elevadas y océanos excepcionalmente cálidos.
Esto puede aumentar la gravedad de determinados impactos, aunque no permita atribuir cada evento extremo directamente a El Niño.
La diferencia entre ambas cosas es fundamental para una cobertura periodística rigurosa.
Lo que puede ocurrir en 2027
La historia no necesariamente terminará el 31 de diciembre.
Los pronósticos actuales de NOAA indican que existe una alta probabilidad de que El Niño continúe durante los primeros meses de 2027.
Esto significa que algunas consecuencias pueden extenderse más allá del período de máxima intensidad.
Los agricultores tendrán que enfrentar nuevas temporadas.
Los gobiernos deberán seguir administrando recursos hídricos.
Las empresas tendrán que revisar sus cadenas de suministro.
Los organismos humanitarios deberán continuar identificando regiones vulnerables.
Y los científicos actualizarán sus previsiones a medida que cambien las condiciones del océano.
El escenario no está completamente definido.
Pero tampoco es una situación que pueda ignorarse.
La importancia de anticiparse
Una de las ventajas de la ciencia climática moderna es que permite actuar antes de que lleguen algunos impactos.
Los satélites observan las temperaturas del océano.
Las boyas registran las condiciones del Pacífico.
Los modelos climáticos procesan millones de datos.
Los servicios meteorológicos elaboran pronósticos estacionales.
Los sistemas de alerta temprana permiten identificar regiones vulnerables.
Esta información puede ayudar a los agricultores a modificar decisiones, a los gobiernos a administrar reservas de agua y alimentos y a las empresas a preparar alternativas logísticas.
El Niño no puede detenerse.
Pero sus consecuencias pueden reducirse si existe información suficiente y tiempo para actuar.
Un fenómeno que conecta continentes
La verdadera importancia de El Niño aparece cuando se conectan todas estas piezas.
El calentamiento del Pacífico puede modificar las lluvias.
Las lluvias pueden afectar la agricultura.
La agricultura puede modificar los precios.
Los precios pueden afectar a los consumidores.
La sequía puede reducir los niveles de los ríos.
Los ríos pueden afectar el transporte.
La falta de agua puede limitar un canal.
El transporte puede afectar el comercio.
Y los cambios del océano pueden desplazar especies y alterar ecosistemas.
No se trata de una cadena automática en todos los casos.
Pero sí de un sistema profundamente interconectado.
Eso explica por qué un fenómeno que comienza en una región específica del Pacífico puede convertirse en una noticia mundial.
El mundo mira al Pacífico
Durante los próximos meses, la atención científica estará puesta en la evolución de las temperaturas del Pacífico ecuatorial, la circulación atmosférica, las precipitaciones y los diferentes modelos de predicción.
La intensidad final de El Niño todavía no está determinada.
Los pronósticos pueden cambiar.
Las regiones afectadas pueden experimentar condiciones diferentes a las previstas.
Pero el escenario actual ya es suficientemente significativo para que gobiernos, empresas, agricultores y organismos humanitarios se preparen.
El Niño forma parte de la historia natural de la Tierra.
Lo extraordinario del episodio actual no es que exista el fenómeno, sino la intensidad que los modelos proyectan, el contexto de océanos muy cálidos y la enorme interdependencia de las sociedades modernas.
El fenómeno comenzó en el Pacífico.
Sus efectos ya pueden observarse en distintos ecosistemas y sectores económicos.
Y durante los próximos meses podrían sentirse con mayor intensidad en los campos, los ríos, los puertos, los mercados y las comunidades más vulnerables.
La pregunta central ya no es solamente cuánto se calentará el Pacífico.
Es qué tan preparada está la humanidad para responder a lo que ese calentamiento pueda desencadenar.
El Niño se fortalece.
El Pacífico está cambiando.
Y el mundo está mirando.
FOSTER! NEWS
Cada noticia tiene su contexto.
Investigación · Actualidad · Ciencia · Mundo

